Les
comparto algunas preguntas que se me han ido formulando en mi relación y
quehacer con y en el psicoanálisis. ¿Qué se plantea en la teoría psicoanalítica
sobre los géneros? ¿Se ocupa el psicoanálisis del género? De ser afirmativo,
¿Cómo es que se ha ocupado y ocupa el psicoanálisis del género y sus bastas
tensiones?
A Sigmund
Freud se le reconoce haber sido el creado del psicoanálisis. Y en ese proceso
de construcción las mujeres, la feminidad, ocupan un lugar privilegiado. El
síntoma que lo interroga inicialmente, a través del cual comienza a elucidar
los mecanismos psíquicos que operan, es el síntoma histérico. No es cualquier
síntoma en términos históricos, puesto que se trata de un síntoma que significa
socialmente de forma privilegiada a las mujeres. De hecho también se le
reconoce a Freud haber operado sobre el discurso médico de la histeria,
subvirtiendo la relación mujer=histeria. Se cuenta en la historia del
psicoanálisis que justo uno de los primeros reproches a Freud es haber pensado
en hombres histéricos, ¿Cómo podría ser eso posible si la etimología de
histeria lo contradecía? Recordemos que en términos etimológicos histeria nos
remite a útero. A partir de Freud, la histeria, en términos psíquicos, se
re-conceptualiza y se piensa tanto en hombres como en mujeres.
El primer
gran caso de los historiales clínicos del psicoanálisis, del cual Freud no fue
el médico directo, es el de una mujer a la que conocemos como Anna O. De quien
al paso del tiempo se nos terminó revelando su verdadero nombre: Bertha
Pappenheim. En el origen de la clínica psicoanalítica está el encuentro entre
un brillante medico vienes, Joseph Breuer, y una joven de 21 años que fue
calificada de inteligente, atractiva, de talento poético, bondadosa y de
vitalidad desbordante (Breuer, 1893), justo, Bertha Pappenheim. Encuentro que
ocurrió en 1880. El procedimiento de Breuer para con Bertha fue la catarsis, en
el que, hipnosis de por medio, ella podía contar sus historias y él, nos dice,
quitarle todo el acopio de fantasmas (Breuer, 1893). A este procedimiento ella
lo nombró “«talking cure» («cura de conversación») y «chimneney-sweeping»
(«limpieza de chimenea»)” (Breuer, 1893: 55).
Así que la invención de la cura psicoanalítica, por la palabra y la
rememoración, se la atribuye a Bertha Pappenheim. Ya después Freud habría
venido a descubrir lo inconciente
(Roudinesco, 2008).
En esta historia de la constitución del psicoanálisis por supuesto que otras mujeres han tenido un lugar especial. El resto de los historiales clínicos que se presentan en “Estudios sobre la Histeria” (1893-95), además del de Pappenheim, son también de mujeres: Señora Emmy con N., Miss Lucy R., Katharina y señorita Elisabeth Von R. Es partir de los síntomas y malestar de estas mujeres, parafraseando a Lacan, como Freud puede producir un nuevo saber. Pero sin olvidar lo que Silvia Vegetti nos dice, en relación a Pappenheim, que ella dio “el paso del discurso sobre la histeria al discurso de la histérica, una toma de palabra femenina sobre la mujer que será continuada con el mismo arrojo y rigor por otras mujeres” (Vegetti, 2002: 46). Es así como en la actualidad entiendo también a las mujeres que acuden a psicoanálisis, como una cita para tomar la palabra sobre ellas mismas. A la vez que un encuentro para saber algo de lo que las palabras han hecho de cada una de ellas.
Psic. Mauro Cruz Mtz.
psimauro.cm@gmail.com

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