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El mito fundante y la verdad. Por Psic. Mauro Cruz Mtz.

              Al principio de la experiencia analítica […] fue el amor.

                                                       Jacques Lacan.


 En el origen de la cura psicoanalítica se encuentra un mito fundante. Es un “punto histórico […] que nace del encuentro entre […] Joseph Breuer y Ana O. (Lacan, 2008b: 13). Ella, joven de 21 años, fue calificada de muy inteligente, atractiva físicamente como en su personalidad (Jones. 2003). El mismo Breuer dedicó varias líneas para describir la “inteligencia sobresaliente” (Breuer y Freud, 1893-95: 47), el talento poético, la bondad o la vitalidad desbordante de quien fuera el “caso prínceps” de “la obra inaugural del psicoanálisis” (Roudinesco y Plon, 2008: 143). Fue Jones (2003) quien reveló su identidad: Bertha Pappenheim, quien además tenía una estrecha relación con la familia de Martha Bernays, futura esposa de Freud.

Breuer fue el médico convocado, en 1880, para atenderla de una tos persistente. Un “brillante profesional vienes” (Roudinesco y Plon, 2008: 143), de quien Roudinesco (2016) recupera la idea de que fue para sus pacientes no solo un médico competente, sino un estimulante interlocutor y amigo personal, “un notable internista [que después eligió] la carrera médica para interesarse a continuación en la neurología y luego en la psicología, y por ende en las enfermedades nerviosas” (p. 54). Formación que le permite descartar la enfermedad, tuberculosis, pero a su vez poder ver, y luego escuchar, el desorden psíquico; del cual Ellenberger (1983) llegará a decir que no se trataba de una enfermedad mental.

Bertha (Breuer y Freud, 1893-95; Roudinesco y Plon, 2008) padeció de parálisis, anestesistas, “dos estados de conciencia enteramente separados” –uno de ellos con alucinaciones–, trastornos del lenguaje, visión, motricidad y, estupor por la muerte de su padre.

Puede decirse que es la presencia y lo que va coligiendo Breuer lo que mueve los mecanismos de la perturbación psíquica. Indudablemente lo transferencial entre ellos estuvo presente. Cuando queda en mutismo, por algo que la ofendió y de lo que decidió no hablar, sólo él pudo moverla a hacerlo y así recuperar la expresión. Al salir del estupor no podía reconocer a las personas a excepción de Breuer. Cuando se rehusó a comer, solo él la pudo alimentar. Ante la presencia de otro médico se desmaya, sufre un ataque de cólera y angustia; solo Breuer pudo apaciguarla. Tras días de no poder asistirla a razón de un viaje, la encuentra muy empeorada. Cuando se le suministraba cloral, en su presencia se producía un estado de embriaguez, en su ausencia había angustia.

Breuer (Breuer y Freud, 1893-95) señala que Bertha solo alcanzaba “claridad espiritual por las noches” (p. 52), tras un estado de somnolencia –hipnosis profunda designada «clouds» (nubes) –después del cual podía referir las alucinaciones del día. Tiempo después, en un momento de agravamiento, Breuer ve cómo en ese estado hipnótico Bertha “forjaba siempre una situación o historia, de cuya trama daban noticia ciertas palabras murmuradas” (p. 53). Después de poder contar esas historias despertaba “manifiestamente tranquilizada” (p. 54) o sosegada. Si durante la hipnosis no podía referir la historia, le hacía falta la calma y tranquilidad. Solo había “liberación de su psique” tras poder declarar sus historias trágicas. Breuer procedía “dentro de su hipnosis […] quitando todo el acopio de fantasmas {Phantasme} que ella había acumulado” (p. 53). A este procedimiento ella lo nombró “«talking cure» («cura de conversación») y «chimneney-sweeping» («limpieza de chimenea»)” (p. 55).    

Es así como se concibe la invención de la cura psicoanalítica, por la palabra y la rememoración; atribuyéndoselo a Bertha Pappenheim. Después Freud habría venido a descubrir lo inconciente  (Roudinesco y Plon, 2008).



Puede leerse completo en el libro "La clínica del amor Vol. 1", México: LaTE, 2020.


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