¿Los pacientes no quieren curarse? Entre la ganancia secundaria y el reconocimiento del inconciente.
Dice Freud que después del trabajo arduo con un paciente
(analizante) uno descubre que no puede contar con su colaboración o que
obedezca la regla fundamental del psicoanálisis, es decir, no dirá todo lo que
se le ocurra, opondrá dificultades, habrá resistencia; ya que en el fondo el
paciente en cuestión no quiere sanarse.
Y así es. Los pacientes lo formulan de distintas maneras:
“No creo que eso tenga algo que ver, aunque sí parece relacionado, pero no algo
que me afecte”, “Eso de hablar de mi infancia no tiene mucho sentido, ¿cómo
seria posible que a estas alturas de mi vida tenga algún impacto”, “¿Cómo podría
yo hacer que me falten al respeto? Es absurdo”, entre muchos ejemplos más.
A cada uno de los pacientes los habita la ambivalencia.
Freud dirá que son sujetos que quieren sanar, pero también que no lo quieren.
Pero justo porque se trata de algo del orden del inconsiente, es algo que está
más allá de la voluntad, de los buenos deseos y la razón.
Se quejan de la enfermedad, nos dice Freud, pero también
la aprovechan en la medida de sus fuerzas. Si alguien pretende curarlos,
defenderán su enfermedad como una leona a sus cachorros. Y no tiene ningún
sentido reprocharles tal contradicción, porque finalmente hay una ganancia /secundaria)
en la enfermedad.
Los pacientes no quieren curarse realmente. Cada uno ha
invertido mucho en mantener las cosas como están, porque al final de cuentas,
siguiendo a Freud, hay una satisfacción sustitutiva y no hay manera razonable
de convencerlos de que abandonen esa ganancia que obtienen de sus síntomas. Aunque los pacientes lleguen al
consultorio diciendo que quieren curarse, que quieren ser aliviados de sus
síntomas, en el fondo está decididos a no agitar las aguas.
Pero en el transcurso del análisis, quien puede ser
paciente, quien sospecha de su inconsiente, quien en algo se entera, puede
franquear su síntoma y finalmente demandar un psicoanálisis. Aunque no sin la
batalla respectiva, no sin cuotas de dolor, sin saberse herido en su narcisismo.
Porque un poco o mucho de lo que se trata es del descenso a los propios
infiernos.
Hace tiempo me había apropiado de la consigna: quiere
curarse, entonces hable. Lo que implica atender y prestar atención ahí donde lo
inconsiente emerge. Que a decir de Lacan, uno debe evitar que lo inconsiente se
encierre rápidamente en el discurso de la queja, en la racionalización y en la
repetición sin fisuras.
Quiere curarse, entonces hable, detengámonos en lo
inconsiente, en sus enigmas, en lo que lo hace sufrir y en el modo de asumir
qué de responsable tiene usted en todo esto.
Por Psic. Mauro Cruz Mtz.

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