“Los docentes, entre placer y el sufrimiento” es el título de un libro de Claudine Blanchard-Laville que explora los vínculos que se establecen entre docentes y alumnos en el espacio escolar. Vínculos que están directamente relacionados con los procesos de aprendizaje. Dicho libro seria solo un ejemplo, muy notable, de los aportes que se producen entre el diálogo de las ciencias de la educación (pedagogía, psicología escolar, psicopedagogía) con el psicoanálisis. Llamativo por el hecho de que en algún momento Freud planteó que educar es uno de los tres imposibles; además de psicoanalizar y gobernar. Así como también de que los diques educativos eran de los principales responsables de las neurosis y del malestar infantil.
Por otro lado el mismo Freud también llegó a tener una posición optimista en cuanto a la labor psicoanalítica en la educación. Afirmó incluso que los educadores se beneficiarían del psicoanálisis. Porque una vez que se hayan familiarizados con los resultados del psicoanálisis podrán compenetrarse y reconciliarse con el alma infantil.
La relación entre psicoanálisis y educación ha tenido diversas facetas. Desde un optimismo que ha pasado por la propuesta de una pedagogía psicoanalítica al planteamiento de un quehacer radicalmente diferente entre uno y otro. Sin embargo el interés por lo que el psicoanálisis pueda decir sobre la educación, la labor docente y el aprendizaje, no ha cesado desde los planteamientos de diversidad de autores ya sean psicoanalistas o en dialogo con el psicoanálisis.
Se ha indagado sobre los fenómenos transferenciales entre docentes y alumnos, como es el caso del libro “La docencia frente al espejo”, de Raúl Anzaldúa Arce. O los problemas de aprendizaje en relación a la pulsión y/o los modos de circulación libidinal. Testimonios de casos, atendidos tanto en el ámbito institucional público como en la consulta privada, que dan cuenta de las inhibiciones en el ámbito escolar o en los procesos de aprendizaje, así como de las nuevas posibilidades subjetivas que hay para niñas, niños y adolescentes de recuperar el deseo por aprender y por formar nuevos lazos sociales.
El psicoanálisis propone que hay una otra escena, que es inconciente, es decir, que esta reprimida. Pero que se manifiesta a través de los sueños, los síntomas o los lapsus. Y diría que esa otra escena tiene lugar en los diferentes escenarios sociales. De forma privilegiada el escenario escolar es uno de ellos.
En dichos espacios encontramos que alumnos, docentes, madres y padres de familia y, demás agentes del proceso educativo, manifiestan sus dificultades en torno a los procesos de enseñanza-aprendizaje o los vínculos que no pocas veces se fracturan. Y ahí también está la dimensión de lo inconciente o la otra escena que no deja de manifestarse, pero que sin embargo no siempre o pocas veces es reconocida. Diríamos como una resistencia a mirar y escuchar la otra escena. O incluso a reconocer, como lo dice Massimo Recalcati, en “La hora de clase, por una erótica de la enseñanza”, que hay en la actualidad un culto del goce desvinculado por completo del deseo, que revela lo destructivo de la condición humana.
Eh ahí la pertenencia del psicoanálisis, aun en una labor imposible como decía Freud, porque puede con su andamiaje mirar y escuchar la otra escena. Eso que para las ciencias de la educación ortodoxa, y sus representantes, quedaría fuera, sin pertenencia y sin lugar; sin incidencia en el deseo por aprender o los lazos sociales que ahí se conforman. Porque esas dificultades de aprendizaje o goces destructivos de los lazos sociales (por ejemplo el bullying o tiroteos en escuelas, por poner solo un par de ejemplos) pueden ser pensados y tratados, en tanto que escuchados, reconocidos y acompañados.
Por Psic. Mauro Cruz Mtz.
psimauro.cm@gmail.com

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