En el ámbito escolar, nos dice la Real
Academia Española (RAE), acoso hace referencia al hecho de que uno o varios
alumnos acosen a otro de sus compañeros con el fin de denigrarlo y vejarlo ante
los demás. Documentos oficiales del gobierno de México reproducen el
planteamiento de la RAE, agregando que el acoso es una forma de violencia,
donde el acosado no puede defenderse de manera efectiva, además de que suele
estar en una posición de desventaja o inferioridad. Por otro lado encontramos
que bullying se ha utilizado para
conceptualizar y nombrar la violencia en el ámbito escolar. Específicamente
hace referencia a la violencia entre alumnos. Al respecto Ruiz, Evangelista y
Xolocotzi (2018) dirán que “de manera contradictoria a esta definición, la
mayoría de estudios exploran desde el inicio violencias verticales, de maestros
a alumnos o de autoridades escolares a alumnos” (p. 6). Bullying es una
violencia entre alumnos pero la cual no podría entenderse sin la participación
de la escuela como institución. Es decir, en la producción de la violencia
escolar es difícil que no estén involucrados sus diversos actores. Si solo se
considera a los alumnos se estaría “banalizando el fenómeno de la violencia”
(Martínez, 2014).
Violencia de género es otra
conceptualización que está presente en el ámbito escolar, la cual habla de la
relación asimétrica entre hombres y mujeres, donde estas últimas ocupan un
lugar de subordinación, marginación o discriminación. Aunque debe reconocerse
que esta categoría alude a una violencia; física, psicológica o sexual, cuyo
propósito es instrumental: sometimiento, placer sexual, cuidados y actividades
que se atribuyen a las mujeres (Ruiz, A., Evangelista, A., y Xolocotzi, A.,
2018). El género está involucrado en la escuela en diferentes formas de
violencia cuando se favorece a los alumnos al solicitarles tareas de mayor
relevancia; al concebir y tratar a los alumnos como más violentos que las
alumnas; al emitir opiniones sexistas, por ejemplo decir que una alumna se
comporta inapropiadamente como mujer o que un alumno parece mujer por chismoso;
pero también al excluir a las mujeres del campo de las matemáticas o a las
docentes de la toma de decisiones, por poner un par de ejemplos; así como al
utilizar tonos distintos para referirse a las alumnas o profesoras, del que se
utiliza para alumnos y profesores (Leñero, 2011).
Blair (2009) nos dirá que violencia es
un concepto sumamente problemático, difícil de conceptualizar dada la variedad
semántica de la palabra, que no deja de nombrar cosas bastante disimiles.
Incluso puede ser que se hable de distintas violencias y aunque no hay un único
concepto, que las abarque a todas, eso no imposibilita la reflexión, tan
necesarias, que debe hacerse sobre la violencia, o las violencias como lo dice
y trabaja la psicoanalista Silvia Ons.
Las violencias al interior de las
escuelas pueden ser bastante heterogéneas. De hecho “violencia es solo una de
las nociones propuestas; otras son, por ejemplo, los problemas de disciplina,
las contrariedades de la convivencia, las incivilidades, el clima de
incertidumbre, la crisis de valores, la perdida de la estima social de la
educación.” (González, 2011: 10). Resulta pertinente también pensar la
violencia escolar como “la denominación de un complejo estratégico, teórico y
político, para comprender, concebir y atender diversas situaciones y variados problemas”
(González, 2011: 11). De hecho, como he tratado de aludir desde el inicio de
este escrito, matizándolo con Blair, es que “La violencia escolar no es un
concepto con mayor o menor fortuna, sino un dispositivo de comprensión e
intervención que origina efectos de realidad, de saber y de poder.” (González,
2011: 11).
Fragmento del capítulo "Acoso, Ley y Transgresión", en Jarque, Cristina. Bullying. Marcas de por vida". España: Ediciones LaTE, 2022.
Correo: psimauro.cm@gmail.com

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