Ir al contenido principal

Los costos de calmar la ansiedad.

 

La ansiedad es un significante que no deja de escucharse no solo en el quehacer psicoanalítico, sino también en los espacios laborales, la casa, la escuela y cada vez más en espacios públicos, donde las personas se ven irrumpidas por ataques de ansiedad o de pánico. “Sufro de ansiedad”, “soy un tipo muy ansioso”, “estoy diagnosticado con ansiedad”, “tomo medicamento contra la ansiedad”, “he tenido ya varios ataques de pánico”, son expresiones que no dejan de ser enunciadas.

Actualmente existe el diagnostico “Trastorno de ansiedad generalizada”, que se relaciona con síntomas como sentir inquietud, sensación de estar atrapado o con los nervios de punta. Así como la fatiga, dificultades para dormir, irritabilidad, tensión muscular y problemas de sueño. Y de hecho hay estudios que reportan que dicho trastorno aumentó durante la pandemia por CIVID-19. Aunque su reconocimiento diagnostico ha tenido lugar hace 44 años, en la tercera versión del DSM.

¿Quién en la vida no ha experimentado momentos de ansiedad? ¿Quién no ha estado expuesto a eventos que le produzcan ansiedad? Sin embargo, como decíamos, las expresiones sobre la ansiedad no dejan de multiplicarse, en una sociedad cuyos lazos sociales se han trasformado radicalmente. Vivimos en la época de lo instantáneo, de lo ligero, donde tras la idea de no vivir con etiquetas (la más conocida es no ser novios o no reconocerse como pareja) sirve para no asumir compromisos. Vivimos en la época donde la evanescencia del otro se ha convertido en moneda corriente. Vivimos en la época donde para muchos el amor llegó a su fin. O en su defecto, lazos de obsolescencia programada.


¿Cuáles han sido las respuestas para afrontar la ansiedad? Fernando M. Aduriz, en su libro “La ansiedad que no cesa”, dirá que de las múltiples formas que la humanidad ha encontrado para calmar la ansiedad se encuentran la comida, la bebida, el deporte, el trabajo agotador, el juego, las drogas, los cortes en el cuerpo (autolesiones o lesiones “accidentales”), el sexo y muchas otras versiones casi interminables. Y claro que llama la atención que la mayoría de estos recursos se asientan en el mismo listado de cosas que hacemos para vivir cotidianamente, para lograr momentos de placer y felicidad. Pero frente a la ansiedad la comida y la bebida, por ejemplo, adquieren un rostro ominoso.

Otra forma son los ansiolíticos, que no poca publicidad nos oferta como la única y más efectiva solución. En relación a esto, están los multiplicados libros de autoayuda. Que de ser un recurso bondadoso, terminan por atraparnos en su consumo.

No pocos sujetos buscan evitar el peligro. Pero algunos de ellos, en psicoanálisis, señalan que esta estrategia los lleva a evitar la vida. No pueden ir a trabajar, no pueden tomar el camino para ver sus parejas, no pueden salir a la calle, no pueden estudiar, no pueden escribir, todo por el temor a la angustia. Porque si se hace alguna de estas cosas, la angustia también se despierta.

El exceso de trabajo, y lo señalo particularmente porque sirve muy bien para el sistema de producción capitalista, es uno de esos recursos que van siendo cada vez más utilizado para evitar la ansiedad. Escribe Aduriz que se trata de un recurso peligrosísimo, quizá el peor, porque es el que más destruye la vida social y familiar. Y sin duda, la vida interior. Embrutecidos tras la búsqueda incesante de las cifras, la venta, la producción, el negocio, la competencia y el reconocimiento. Esta forma de calmar la ansiedad termina por destruir la vida. La vida pasa sin poder ser mirada y sin contacto con los otros (familia, pareja, amigos). “Me perdí la crianza de mis hijos, me perdí viajar, me perdí hablar más con los míos, me perdí los amigos”, son los costos para los sujetos.

No está por demás decir que esta apuesta por el trabajo, como única vía para la vida, es de lo que más se promueve. Un ejemplo es la exitosa serie “La ley de los más audaces” (Suits). Donde los personajes que pertenecen a la firma de abogados deben de cubrir extensas horas de trabajo, donde el sentido de la vida sea el despacho mismo, dejando de lado cualquier otro aspecto, incluso la muerte de los seres queridos. 

Cerremos, acordando con Aduriz y muchos otros psicoanalistas, que la ansiedad, como síntoma, es un envoltorio. Que la cura a la ansiedad, su tratamiento, no es sin desenvolver ese síntoma, sin saber quién la padece, su historia libidinal y los entramado sociales que marcan su época.


Por Psic. Mauro Cruz Mtz

psimauro.cm@gmail.com 

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Podemos pedir a las y los adolescentes autocontrol frente a los celulares y redes sociales?

  Las y los adolescentes actuales, es decir, del siglo XXI, son diferentes de las generaciones anteriores. Hoy en día las pantallas (celulares, tabletas, computadoras) forman parte de la vida diaria. Tan así, que ya no es posible una distinción tajante de la vida virtual . Estas pantallas, nos dice el psicoanalista José Ramón Ubieto , ofrecen a las y los adolescentes oportunidades pero también riesgos. Agrega que hay una tendencia a pensar y decir que todos los adolescentes son adictos porque pasan muchas horas frente a las pantallas. Nos recuerda que la palabra adicto significa: sin palabras . Y justo l as y los adolescentes utilizan esas pantallas para comunicarse . Así que, nos dice el psicoanalista, en realidad debemos leer la vida de los adolescentes del siglo XXI con las claves del siglo XXI, y no juzgarlos con criterios pasados. Eso implica entender la relación de las y los adolescentes con las pantallas y en el contexto social actual. Nos dice Ubieto que “Conviene entend...

El trauma en la tradición freudiana y sus resonancias actuales.

 Hablar del trauma implica adentrarnos en un territorio donde convergen la historia personal, la violencia social y los límites de lo simbólico. En la obra de Freud, el concepto de trauma ocupa un lugar fundamental: se trata de una herencia de debates médicos de su época, pero que en el psicoanálisis adquiere un estatuto propiamente psíquico , transformándose en una herramienta central para comprender el sufrimiento humano. Con el desarrollo del psicoanálisis, diversos autores han ampliado esta noción, orientando la práctica clínica contemporánea y la intervención en contextos sociales marcados por la violencia, la vulnerabilidad y la pérdida de sentido. Rosaura Martínez Ruiz señala que “toda experiencia traumática exige comunicación y comprensión, sin que comprender implique justificación de los hechos, sino recuperación del sentido” . Se subraya así algo esencial: lo traumático no se reduce al hecho en sí, sino al modo en que invade la vida psíquica y, sobre todo, a la dificulta...

CUANDO SE PIDE UN “NO”: SOBRE LA ESTRUCTURACIÓN PSÍQUICA.

  Hace poco vi una imagen compuesta por una mamá y su hijo. Ella le pregunta: “¿Qué más quieres que te dé?” Y el hijo, sentado, sosteniendo un videojuego o un celular, en un cuarto lleno de juguetes y desorden, responde: “Un no.” La escena es elocuente: lo que el niño demanda es, precisamente, un NO que su madre no ha logrado darle. La colega que compartió la imagen escribió al respecto: “Para disponer del SÍ es necesaria la construcción del NO.” Dicha imagen y reflexión de la colega de inmediato me llevaron a un texto que leía hace algunos años y pensaba en su pertinencia. Se trata de La importancia del “NO” en la estructuración psíquica , de la psicoanalista Myrta Casas de Pereda . Suele asociarse el NO con la prohibición, con los límites, o con la idea de frustración. Tanto así que existe una corriente que sostiene que decirle “NO” a un niño puede traumatizarlo o limitar su desarrollo, y que, por lo tanto, habría que evitarlo. Sin embargo, el texto de Casas de Pereda pro...