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La sociedad depresiva y la derrota del sujeto:

 

En 1999, prácticamente en el cambio de siglo, la historiadora y psicoanalista Élisabeth Roudinesco, trazaba el siguiente diagnóstico: nos hemos convertido en una sociedad depresiva. Nos decía, y vale mucho recordarlo, que el sujeto contemporáneo ya no se piensa como tal. Que fue reemplazado por un “individuo depresivo”, desconectado del conflicto inconsciente, atrapado en una existencia donde predomina la apatía, la fatiga y la pérdida del deseo. Roudinesco lo señala así:

“La era de la individualidad sustituyó así a la de la subjetividad: dándose a sí mismo la ilusión de una libertad sin coacción, de una independencia sin deseo y de una historicidad sin historia…”

Este nuevo sujeto, que no puede reconocer el conflicto que lo habita, sino que al contrario, busca eliminar la conflictividad que lo conforma, circula frenéticamente entre terapias, psicofármacos y prácticas esotéricas, sin detenerse a preguntarse por el sentido de su malestar.

Puede decirse que para Roudinesco, vivimos una libertad sin deseo. Paradójicamente, en una sociedad que celebra la libertad individual, los sujetos se sienten perdidos, sin coordenadas simbólicas, sin relato. La psicoanalista e historiadora plantea que, cuanto más se proclama la igualdad ante la ley, más se acentúan las diferencias. En ese vacío simbólico, cada uno reclama una identidad sin conflicto, una pertenencia que no lo cuestione. Y en lugar de apuntar a la elaboración subjetiva, el sufrimiento psíquico es abordado con una lógica médica homogénea:

“Cada paciente es tratado como un ser anónimo perteneciente a una totalidad orgánica. [...] Se le prescribe la misma gama de medicamentos frente a cualquier síntoma.”

Y agregaríamos, se diagnostica a grandes masas de humanos con una misma etiqueta diagnostica, como la depresión, homogenizándolos y negando sus historias y trayectos.

Roudinesco nos dice que la consecuencia de este reduccionismo es doble: por un lado, se patologiza la diferencia; por otro, se banaliza la singularidad del sufrimiento.

En esta sociedad que intenta borrar el conflicto, el dolor y la muerte del horizonte, proliferan prácticas que ofrecen una curación mágica o rápida: magnetismo, iridología, energías, etc. Pero también crecen las adicciones: a los medicamentos, al cuerpo perfecto, al rendimiento incesante, a la felicidad permanente y por tanto imposible.



“"Por esta razón —citando a Alain Ehrenberg—, el drogadicto de hoy es la figura simbólica empleada para definir los rostros de un anti-sujeto. Antes era el loco quien ocupaba este lugar. Si la depresión es la historia de un inhallable sujeto, la adicción es la nostalgia de un sujeto perdido".

Para Roudinesco, esta sustitución del sujeto del inconsciente por un consumidor ansioso de alivio lleva a una subjetividad anestesiada, que evita el conflicto, la angustia, la alteridad.

¿Por qué el psicoanálisis? Porque el psicoanálisis, siguiendo a la autora, no busca suprimir el síntoma, sino interrogarlo. No pretende eliminar la angustia, sino darle lugar como verdad del sujeto. En tiempos donde se impone la lógica del “estar bien”, el psicoanálisis aparece como uno de los pocos discursos que resiste la patologización del malestar y restituye al sujeto su dimensión deseante.

Psic. Mauro Cruz Mtz.

 

Referencia:

Roudinesco, Élisabeth (2018 [1999]). “La derrota del sujeto”, en ¿Por qué el psicoanálisis? México: Paidós.

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