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¿Defendernos del deseo?

 

Por Psic Mauro Cruz Mtz.

Jacques Lacan observaba que en el ámbito psicoanalítico de su época, el concepto de deseo había sido desplazado, subvalorado, o sustituido por referencias genéricas a lo afectivo o emocional. Él insiste en “dar lugar al deseo” como noción central.

Para eso nos dice que suele decirse que un psicoanálisis es una terapéutica. Considera que bien se puede decir que es un tratamiento psíquico. Un tratamiento que actúa en diversos niveles del psiquismo, ante todo en fenómenos marginales o residuales como el sueño, el lapsus y/o la ocurrencia chistosa.

Pero también nos dice que este tratamiento en su aspecto curativo actúa sobre los síntomas, los cuales se manifiestan en el sujeto mediante inhibiciones, que justo se constituyen como síntomas y que son sostenidos por esos síntomas.

Finalmente nos dice, por ahora, que el psicoanálisis es un tratamiento que modifica estructuras, refiriéndose a las neurosis o neuropsicosis y que Freud denominó neuropsicosis de defensa.



Así que el psicoanálisis interviene en diversos niveles de la psique. ¿Cómo es que puede intervenir? Puede intervenir por el hecho de que los síntomas, los sueños, los lapsus y el chiste ponen en juego el deseo. Porque esos fenómenos marginales o residuales, a decir de Lacan, fueron aprehendidos por Freud bajo la rúbrica del deseo, como significativos del deseo.

Al respecto Lacan considera la angustia que acarrean los síntomas, la cual, nos dice, solo interviene si tal o cual actividad, digamos, esta erotizada, es decir, si está tomada en el mecanismo del deseo.

¿Contra qué se defiende la psique? Lacan nos dice que se defiende contra el deseo, contra la libido. Porque la libido, nos recuerda, “no es más que la energía psíquica del deseo”. La libido, —especialmente en Freud y más radicalmente en Lacanno es simplemente energía sexual, sino una fuerza pulsional que confronta al sujeto con algo que excede su control, su saber y su identidad consciente.

Puede decirse, de manera muy sencilla, que el sujeto se defiende del deseo o la libido porque amenaza su “estabilidad”, desestabiliza la idea de control que tiene sobre sí mismo, es decir, porque hay algo perturbador, excesivo. Y para resguardar la “integridad” implementa defensas como los síntomas.

 

Referencia:

Lacan, Jacques. “Construcción del grafo”; en El deseo y su interpretación, El Seminario, Libro 6, (1958-1959), Paidós, Bs. As., 2014.

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