Muchos crecimos acompañados de caricaturas entrañables que no solo estaban en la tele, sino también en nuestra mesa. El Dr. Fernando Pérez Galaz, en su libro Cerebro hambriento, pone palabras a algo que a muchos nos resuena: esos personajes animados que parecían amigos de la infancia, cumplían en realidad una función muy concreta.
Él recuerda a un tucán simpático que aparecía en su cereal favorito. No era solo un dibujo bonito: había juegos, colores, aventuras. Como escribe el autor, “era entretenimiento disfrazado de compañía, mientras, sin darnos cuenta, consumíamos cucharada tras cucharada de azúcares añadidos”. El problema, nos dice, no era el tucán, sino lo que representaba.
Con el tiempo, ya como adulto, ya como padre el Dr. Pérez Galaz refkexiona: hoy no ofrecería a sus hijos muchos de esos productos, y menos creyendo que forman parte de una alimentación balanceada. Y he ahí su punto central: los personajes animados no eran inocentes, eran herramientas de mercadotecnia pensadas para atraer a niñas y niños y asociar productos ultraprocesados con diversión, cariño y “vida sana”.
Por eso, con la llegada de la NOM-051 en México, estos personajes desaparecieron de los empaques. No porque fueran malos en sí, sino porque —como señala el autor— detrás de su imagen colorida había azúcares añadidos, calorías vacías y la ilusión de que un producto industrial podía competir con los alimentos reales.
¿Cómo se han formado muchos de nuestros hábitos sin que nos diéramos cuenta? La publicidad no solo vende productos, también construye deseos, normaliza elecciones y deja huellas emocionales que arrastramos hasta la adultez.
Tal vez por eso mirar con nostalgia y, al mismo tiempo, con sentido crítico nuestra infancia no es contradictorio. Es una forma de preguntarnos:
*Psic. Mauro Cruz Mtz*
Referencia: _Pérez Galaz, Fernando (2025). Cerebro hambriento. ¿Y si la obesidad no fuera una cuestión de voluntad? México: Panorama.
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