Hoy día, nos dice el psicoanalista
Domenico Cosenza, la idea de adolescencia como momento de crisis estructurante
del sujeto aparece cuestionada. Tradicionalmente solía pensarse que las y los
adolescentes debían atravesar un quiebre emocional, simbólico y familiar, que
marcaba el paso de la infancia a la adultez.
Quizá lo que aquí también está en
juego es lo que plantea Byung-Chul Han respecto de La desaparición de los
rituales. Y con ello, lo que en psicoanálisis se ha planteado como el declive de
la ley o la caída de la autoridad simbólica. Ley simbólica que ha sido
representada por hombres y mujeres, que de una u otra forma logran transmitir
que “no todo es posible”, “que no todo se puede”. Y paradójicamente, en que “algo
es posible”, que hay una promesa de acceso al goce, pero no todo.
Consenza nos dice que esta crisis
estructurante en la adolescencia ya no es tan clara. Ya no sabemos si en las y
los adolescente se produce una ruptura suficientemente clara con la infancia. En
mi propia consulta, por ejemplo, hay púberes que no dejan de hablar, casi en imitación,
como niños pequeños. Y menos aún si las
y los adolescentes en verdad comienzan a separarse de sus padres para ir
construyendo una posición subjetiva más propia o, digamos, suficientemente
diferente.
También nos dice Cosenza que para los
autores del campo sociológico y psicológico, la adolescencia de nuestro tiempo
es la que vuelve problemática la noción de crisis. Porque en lugar de rebeldía y
confrontación, lo que observan es un “analfabetismo introspectivo”, “hedonismo
moderado”, “conformismo” y “pacifismo”. Que justo contrasta con la imagen del
adolescente rebelde y desafiante. Aunque el desafío con las y los adolescente
no es en su rebeldía y capacidad de poner el dedo en la llaga del mundo adulto,
pero si lo es en relación a sus posiciones subjetivas, que los llevan a poner
en riesgo, de diferentes maneras, su vida misma.
El psicoanálisis corre el riesgo de
remontarse, señala el psicoanalista italiano, a una lectura romántica de la
adolescencia, reduciéndola a un mito: la adolescencia como “tormenta” o “ímpetu”.
De ser así, estaríamos olvidando la lectura freudiana que plantea a la
adolescencia como una reelaboración de la economía pulsional. Y con esto, diría,
lo que el concepto de pulsión tiene de subversión de la sexualidad humana.
Cosenza pregunta, y considero en que
la línea de lo que decíamos de la caída de la ley simbólica: “¿Qué pasa,
entonces, con la adolescencia en la era del Otro que no existe? ¿Cómo se
autorregulan los adolescentes de hoy en su encuentro con lo real del sexo y de
la muerte?” Y justo nos remite al declive de la ley o la autoridad simbólica. Entonces
¿Cómo se las pueden arreglar los adolescentes ante la ausencia de referentes
que transmitan que no todo es posible? Y más aún, cuando es ese Otro social el
que ordena gozar sin límites y empuja a la no separación.
Las adolescencias actuales no dejan
de plantearnos cuestiones de orden ético y clínico, nos dice Cosenza. Por lo
que trabajar con adolescentes implica pensar y algo hacer respecto de ese Otro
social que empuja al goce sin límites y que lleva a las y los adolescentes no
pocas veces a las autolesiones, conductas permanentes de riesgo, sexualidad
compulsiva, ideación y acto suicida, entre otros.
*Psic. Mauro Cruz Mtz.
- Cosenza, D. (2024). Clínica del exceso: Derivas
pulsionales y soluciones sintomáticas en la psicopatología contemporánea
(J. M. Álvarez & E. Vaschetto, prólogo). Xoroi Edicions.
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